martes, 3 de septiembre de 2013

Mi Amigo el Dragón (VII Parte)



Una voz ahora gruesa y carente de sentimiento alguno dijo:

-Te estaba esperando

Aunque intenté con todas mis fuerzas contener mi amarga sorpresa, pude sentir como de forma sutil mi sangre abandonaba mis labios y aún sin verme, sentía la palidez como un rayó cayendo sobre mi carne fría y temblorosa producto de un pánico impactante que sin razón suficiente recorría mis venas.

No respondí a las irónicas palabras  y sin levantar la mirada, pasando a un lado del arlequín me subí a la plataforma de colores, me dispuse con mano temblorosa a presionar el botón de movimiento cuando una mano fría como hielo apretó con fuerza mi hombro derecho clavando unas largas uñas que parecían garras en mi piel; un susurro casi espectral se posó en mi oído diciendo:

-No importa a donde vayas, no importa que hagas o los caminos que tomes yo jamás me cansaré de perseguirte, yo jamás me rendiré hasta que tu pié tropiece de tal manera que ni al buen creador le permitas levantarte. Recuérdalo siempre.

Aquellas palabras se sembraron en mí de tal forma que por un momento me sentí desfallecer del terrible miedo que me embargaba y como acto impulsivo presioné el botón de movimiento alejándome de aquel lugar a toda prisa hacia el castillo del consciente.

  En solo un instante me encontré estacionado en un pequeño castillo no más grande que una cabaña; de color azul celeste sus paredes junto a puertas y ventanas de madera oscura, daba la impresión de que nadie vivía en ese lugar desde hace bastante tiempo. Aun con la sensación de temor me bajé a toda prisa del vehículo pero al acercarme a la puerta tuve la impactante sensación de caer al vacío, pues como por arte de magia aquel pequeño castillo se había desvanecido y ahora estaba parado frente a la nada, frente a un firmamento de castillos lejanos.  

Volví al vehículo buscando de alguna forma sentirme un poco más seguro y al voltear un enorme castillo con paredes de oro y diamantes se presentaba  ante mis ojos atónitos, luego de contemplarlo por un instante me acerqué a sus puertas, pero como el humo de una vela recién apagada se desvaneció, y terminé parado nuevamente en el aire. Volví a retroceder hasta el vehículo y ahora se presentaba ante mis ojos un castillo de apariencia rustica lleno de muchísimas ventanas abiertas con paredes llenas de enredaderas, me acerqué lentamente y como en ocasiones anteriores se desvaneció mágicamente.

Me quedé sin retroceder pensando la razón del por qué pasaba esto, cuál era el acertijo que debía resolver antes de entrar a tan misterioso castillo, pero un pequeño apretón en mi pierna me alertó de la presencia del chimpancé. Miré hacia abajo y ahí estaba, así que pregunté:

-¿Cómo puedo entrar al castillo del consciente? 

El chimpancé no dijo palabra alguna pero con sus manos tapó sus ojos por un instante. Luego hizo lo mismo con su boca y posteriormente con sus oídos. Yo aún más intrigado pensaba que podía significar esto para poder entrar al castillo, así que me senté en el vehículo intentando pensar con más claridad. Al cabo de unos minutos un enorme castillo de paredes coloridas apareció ante mis ojos, tenía un pequeño riachuelo alrededor con una suave y serena corriente de la cual desconozco su procedencia, del mismo modo unas bellas puertas de cristal con una inscripción en letras doradas que parecían brillar mientras me les acercaba.

“Transparente como estas puertas debe ser tu presente, sereno y tranquilo como estas aguas debe estar tu mente, pues si agitada estuviera la corriente, te aseguro que los sentidos te harían parecer como un completo demente”

 Entré junto al chimpancé por las enormes puertas de cristal y mientras caminaba por un largo y lujoso pasillo de gran alfombra roja como el de la realeza, pregunté a mi inteligencia:

-¿Qué significa la inscripción de la puerta? 

-El enano chimpancé con una enorme sonrisa dejo ver nuevamente sus rosadas encías y contestó:

-El miedo, el temor, la euforia o cualquier otro sentimiento descontrolado no te dejan ver las cosas con claridad. Por lo que debes estar tranquilo y sereno para estar completamente consciente de tus actos y poder tomar decisiones que ayuden a mejorar la vida en esta casa. El Arlequín se vale de estos descontroles para lastimar y llevar a las personas a cometer sus más grandes errores.

Antes de pronunciar palabra alguna detuve mi paso por la imagen que contemplaba  ahora mis ojos. Me encontraba en una habitación circular llena de señalizaciones que apuntaban a muchísimas puertas de diferentes colores, texturas y formas ubicadas alrededor de la sala que al igual que las señalizaciones cambiaban constantemente de posición y contenido. En el techo muchas imágenes se mostraban como pequeños videos de momentos de mi pasado, y una de ellas me mostraba a mí parado en medio de aquella extraña habitación. 

La inconfundible voz del señor “R” resonó en la habitación y al bajar la mirada me encontré con su tan agradable figura infantil.

-¿Qué tal tu viaje yo grandote?, preguntó de forma sonriente

-Un poco extraño debo admitir. Acababa de notar que el chimpancé nuevamente había desaparecido, ¿Qué es todo esto?

-Esto es tu consciente. Las cosas que sabes suceden en la casa. Es una habitación muy variable, un día está de una forma y al otro completamente distinta; era mucho más pequeña antes que comenzaras a escuchar a papa, ahora constantemente nuevas imágenes se muestran en el techo y otras puertas se suman a la habitación. Yo estoy aquí por ejemplo, pues ahora sabes que existo y quien soy; del mismo modo detrás de estas puertas se esconden grandes alegrías, complejos pensamientos, verdades fundamentales, aprendizajes, experiencias y ahora tu dragón.

-Curiosamente que tu dragón se encuentre detrás de una de estas puertas significa que ya le has dado un nombre. Que ya sabes a qué te enfrentas de alguna manera.

Pensé por un momento en ello y admití verdad en aquellas palabras. Pero decidí preguntar:

-¿Por qué no puedo recordar mis antiguos días en esta casa?

Él contestó con serenidad. Tus recuerdos siempre han estado en el castillo de la memoria, lo que pasa es que pocas veces…


Continuará

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